Misión y valores

Más allá de la retórica al uso y de las palabras huecas, mi actitud profesional se basa en el compromiso, el rigor y la plena confidencialidad.

 

Mi trabajo, ya sea como consultor o como coach, se apoya siempre en tres ejes: conocer, planificar y actuar

Cuando tomo contacto con un cliente, escucho, veo, e intento "ponerme en sus zapatos". Es de ahí, desde donde se puede empezar a construir algo, al menos esa es mi experiencia. 

 

En mi labor como consultor, busco conocer los aspectos que pueden dar solución a la demanda planteada, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también desde el estilo y los valores que son propios de las personas y la organización con la que trabajo.

 

Como coach, mi actitud es la de ser un facilitador para que el cliente consiga los ojetivos que se ha planteado. Todo ello, sin juzgar, valorar ni poner en cuestión a las personas con las que trabajo. Mi objetivo como coach no es dar soluciones ni alumbrar, sino intentar que la persona o personas puedan encontrar su propia solución, la de ellos, siendo ellos los que realmente sean su propia luz. Mi función es acompañar en ese proceso, sirviendo de espejo, y apoyando y reforzando la toma de decisiones y las acciones que van realizando.

 

Mi herramienta fundamental como coach es la pregunta. Sabemos los que nos dedicamos al coaching que una persona cuando es capaz de cambiar una creencia o tener una toma de conciencia sobre algo (insight) por sí mismo, tiene un efecto empoderizante mucho mayor que cuando lo descubre a través del comentario de otra persona.

 

Por tanto, creo que el coaching, si tuviese que definirlo de manera muy simple, no es más que el arte de preguntar, para que la persona sea capaz de encontrar una nueva forma de mirar o una nueva mirada, para dar respuesta y solución a lo que antes no sabía o pensaba que no podía hacer.